Entrevista | «LO PRIMERO QUE TIENE QUE APRENDER UN NIÑO ES A SER FELIZ»

Ama lo que hace con tanta pasión que se nota desde el primer instante… desde ese momento en el que hablas con ella y sin un pero acepta charlar contigo. Llega puntual y con una sonrisa que te hace olvidar ese calor sofocante de las cuatro de la tarde cuando ya se despide junio. Hablar con Vanessa Galindo de su ‘escuelita libre’ El Erizo, proyecto que comparte con su compañero de vida Johannes Bader, es un ratito de placer y aprendizaje que nos hace mucha ilusión compartir contigo en forma de entrevista.

Un modo diferente de concebir el aprendizaje en un espacio de acompañamiento no directivo y con la naturaleza como escenario. Un concepto en el que el adulto sirve de guía y no interfiere en las necesidades de desarrollo del niño. Vanessa nos habla hoy de una escuela basada en la libertad pero también con normas y límites, como ella misma dice ‘la escuela de la vida’ porque al fin y al cabo todos buscamos lo mismo, la felicidad.

Aprendizaje, libertad, límites o acompañamiento son palabras que utilizas al hablar de tu ‘escuelita’… pero ¿cómo se conjuga todo esto cuando hablamos de niños de entre 2 y 6 años?

Cada uno tiene su propio concepto. Hay mucha gente que por escuela libre entiende que los niños pueden hacer lo que les dé la gana y que no existen normas ni límite. Y por supuesto que los hay y de hecho nuestro papel es recordárselos. Es necesario diferenciar entre sus necesidades de supervivencia y sus necesidades de desarrollo. Para mí, la libertad en este contexto significa que el niño es libre en cuanto a sus necesidades de desarrollo. Es decir el niño es libre de decidir si quiere pintar, jugar con la arena, escribir o trepar… ahí es donde el niño puede elegir. Sin embargo no es libre para romper un juguete, pegar a otro niño o subirse encima de una mesa porque hay unas normas de convivencia y unos límites que no se deben traspasar. Esta libertad implica respetar sus ritmos de aprendizaje para que el niño vaya descubriendo las cosas que le apetecen y le motivan.

El niño es libre de decidir si quiere pintar, jugar con la arena, escribir o trepar… ahí es donde el niño puede elegir.

¿Y cómo se lleva a cabo este acompañamiento?

Yo les doy libertad para que ellos elijan los valores que quieren tener, les digo cuáles son los míos y qué normas hay en este espacio. Un ejemplo: no les digo que pegar está mal sino que en este espacio no necesitan pegar porque si tienen un problema me lo dicen y yo me encargo de ayudarles a encontrar una solución. Procuro no moralizar aunque a veces es difícil. Intento no decir esto está bien o está mal sino que esto o aquello es así y tú vives las consecuencias de cómo haces las cosas y juzgas si está bien o mal.

¿Qué tipo de valores se trabajan en El Erizo?

Se trabajan conceptos como la responsabilidad, que es un gran reto también para los adultos: hacernos responsables de nuestros actos. Cuando tú eliges hacer algo, lo haces o no por sus consecuencias. Esto es lo que marca que tú hagas algo y te hagas responsable de ello. Esto se hace muy poco a poco y se consigue dándoles ejemplo. A un niño no hay que decirle que debe dar las gracias o tiene que decir perdón. Cuando me equivoco o me dan algo que me gusta, digo gracias o digo perdón y el niño lo ve. Cuando lo dice y no lo siente, no sirve de nada. De hecho son niños demasiado pequeños para sentir realmente qué es perdonar. No sirve de nada que él lo diga, es mejor que vea que los adultos que están a su alrededor saben decir gracias y saben perdonar, que saben estar agradecidos.

Se trabajan conceptos como la responsabilidad, que es un gran reto también para los adultos: hacernos responsables de nuestros actos.

Vanessa y Johannes trabajan con niños de edades entre 2 a 6 años, edad en la que aún no es obligatoria la escolarización. En su escuela los niños aprenden a no aburrirse y se les da la oportunidad de que su cerebro trabaje y justo ahí es dónde nace la imaginación. A veces somos los adultos los que insistimos en que estén siempre entretenidos y los momentos de aburrimiento también deben ser respetados. En El Erizo las emociones también son parte del juego y Vanessa nos explica cómo no se trata tanto de aprender a identificarlas como permitirles que sientan esa emoción, es decir aceptarla. Esto no siempre es fácil para los padres. Por eso es tan importante para un niño aceptar por ejemplo un momento de enfado, dejar que lo exprese y estar a su lado hasta que la emoción se vaya, nos comenta.

Educación respetuosa y también educación consciente… incluso tienes un canal de youtube en el que ayudas a los padres para llevar a la práctica estos conceptos…

Sí, se llama Bichos y Charcos. En él hablo desde cómo resolver un conflicto por un objeto hasta cómo acompañar y dónde poner la atención. Se trata de dar claves a los adultos para acompañar desde la educación respetuosa y consciente. Respetando los ritmos del niño y permitiendo que sea el niño el que decida qué hacer con su tiempo y sus posibilidades. Y consciente porque es un trabajo personal del adulto que acompaña al niño. Al final estar con niños es también observarte a ti misma continuamente. Observar cómo estás tú, desde dónde estás hablando al niño, tomando conciencia de todo lo que haces y le dices al niño.

 Y esto ¿cómo se consigue?

Con el tiempo es como un entrenamiento porque aprendes a observarte y también es muy importante permitirte sentir. Tienes que permitirte también estar enfadada y lo que nunca se debe hacer es volcar tu enfado en el otro, en el niño. Y en caso de que esto suceda también hay que saber perdonarse. Es importante decir a las madres que en la educación consciente es fácil equivocarse. Debes ser tú misma y todos somos imperfectos. Las madres suelen tener mucho sentimiento de culpa en esto de no ser perfectas, piensas que todo lo hacen mal y si no hay un perdón continuo es mejor no hacer educación consciente. Es casi más importante ser uno mismo que intentar ser perfecto.

Es importante decir a las madres que en la educación consciente es fácil equivocarse. Debes ser tú misma y todos somos imperfectos.

¿Y cómo es un día cualquiera en el Erizo?

Somos una familia: el papá, la mamá y diez hijos, que son los niños que hemos tenido este año. Cada día es diferente porque todo va surgiendo. Si tocas la guitarra, hay niños que cogen otros instrumentos y de repente nace la música. O desde ayudarme con la lana mientras hilo en la rueca hasta hacer un bizcocho todos juntos. Todo surge del día a día. Podemos encontrarnos una tortuga mientras damos un paseo o estar en la sala de concentración dónde hay materiales para actividades, como por ejemplo completar palabras, sumar, modelar o dibujar.

¿También se trabajan las habilidades intelectuales?

Tenemos la creencia de que hay que aprender a leer lo antes posible y un niño tiene que aprender primero lo emocional y después lo intelectual. La etapa de 0 a 6 años es una etapa sensorio motriz, afectiva y pre operativa. Afectiva porque son dependientes del amor, no es sólo comer, beber y dormir, el amor es una de sus necesidades de supervivencia. Pre operativa, porque todavía no hacen las cosas con un fin. Hago una torre y la torre es el fin. Y sensorio motriz, porque es un periodo completamente sensorial. Todo lo que tiene que ver con los sentidos les sorprende… mojarse, el agua, la tierra, las texturas, un bicho… Y motriz, porque están conociendo su cuerpo.

Encantadas de conocer la escuela de la vida a través de los ojos de Vanessa. Gracias por hacer que hoy también nosotras seamos un poco más niñas y más felices. Un lujo de entrevista con la que hemos vuelto a los chapoteos en los charcos con olor a tierra mojada.

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