EL OLOR DE TU BEBÉ

Abre el frasco de cristal que guardas en tu memoria y disfruta del olor de tu bebé nada más nacer. ¿Lo recuerdas? Difícil de explicar con palabras… pero es fácil sentir cómo aún te hipnotiza cuando piensas en ese primer instante en el que le miraste a los ojos y tu nariz captó su aroma de vida recién estrenada.

A pan recién hecho, galletas, vainilla… incluso hay madres que lo recuerdan como un ligero aroma a hierba fresca que despierta todo un mundo de sensaciones y que provoca un efecto narcótico en nuestro cerebro. Por eso no nos cansamos de oler a nuestro bebé y el flechazo llega en tiempo récord. En este sentido la oxitocina tiene bastante que decir. Ya sabes que durante el parto nuestro cerebro segrega los niveles más altos de esta hormona y la naturaleza hace el resto. La madre de todas las madres ha dispuesto ese olor tan irresistible para que madre y bebé establezcan un vínculo que dura para siempre.

¿Y por qué nos atrapa este olor? Porque causa en nosotras un estado de placidez y felicidad similar al que producen algunas drogas. El efecto que causa sirve para garantizar la supervivencia de nuestra especie. Todos los olores desencadenan una reacción y éste en concreto es altamente adictivo.

Explicación científica

Un estudio publicado hace algunos años en la revista Frontiers in Psychology concluyó que el olor del bebé es un mecanismo que se desarrolla para establecer ese vínculo indestructible del que hemos hablamos más arriba.

En dicho estudio participaron 15 mujeres que acababan de ser mamás y 15 mujeres sin hijos. A todas se les dio a oler el pijama de un bebé recién nacido para observar qué reacción tenía su cerebro. Los resultados arrojaron que si bien el olor del recién nacido causaba efectos en ambos grupos de mujeres, más aún en las que acababan de ser madre. De este modo los científicos observaron que en los dos casos se activaba el “sistema dopaminérgico”, un circuito cerebral relacionado con la obtención de recompensas y con las conductas adictivas.

A pan recién hecho, galletas, vainilla… incluso hay madres que lo recuerdan como un ligero aroma de hierba fresca que despierta todo un mundo de sensaciones y que provoca un efecto narcótico en nuestro cerebro.

Que este olor es adictivo es un hecho comprobado por la ciencia pero ¿qué lo causa exactamente? Los científicos señalan varios factores en este sentido:

Vérnix caseosa

Es esa sustancia blanquecina o amarillenta que envuelve al bebé en el momento de su nacimiento y que se encarga de protegerle cuando está en el interior del útero. Hace unos años se acostumbraba a lavar a los bebés nada más nacer sin embargo esta práctica se desaconseja ya que se ha comprobado su funcionalidad y además se recomienda no eliminarla por completo en el primer baño. La vérnix caseosa ayuda a que el bebé mantenga mejor su temperatura corporal y al ser absorbida por la piel del bebé le proporciona hidratación y elasticidad.

Esta sustancia, que se percibe con más intensidad en la cabeza del recién nacido, se compone de proteínas, agua y grasas.

Líquido amniótico

Los científicos aseguran que el líquido amniótico también está muy presente en ese olor tan indescriptible de nuestro bebé. Compuesto a base de carbohidratos, proteínas y nutrientes se encarga de proteger al feto dentro del útero.

La combinación de la vérnix caseosa con los restos del líquido amniótico es la responsable de producir ese olor tan indescriptible que a veces se prolonga incluso durante semanas.

Los bebés no sudan

La inactividad de las glándulas sudoríparas en los bebés es otro de los factores que contribuyen a ese olor. Su sistema de termorregulación de la temperatura no está del todo desarrollado por lo que los bebés no sudan.

La madre naturaleza ha dispuesto ese olor tan irresistible para que madre y bebé establezcan un vínculo que dura para siempre.

El dulce olor a teta

El bebé nace con el sentido del olfato muy agudizado, se desarrolla a las 20 semanas de gestación. Puro instinto de supervivencia. Un instinto en el que el olfato y el tacto le ayudan a encontrar y agarrarse al pecho para poder alimentarse.

Así, el olor a mamá es primordial para lograr una lactancia feliz. Y aquí es sumamente importante el contacto piel con piel: tocarse y olerse durante la primera hora de vida del bebé. Este contacto es vital para favorecer los vínculos afectivos madre e hijo.

Durante este tiempo el bebé permanece en un estado de activación y alerta que le permite descubrir por sí mismo el agarre correcto de una forma innata y natural. Los expertos aseguran que el agarre precoz activa mayores receptores de prolactina, la hormona que produce la leche. Además el pecho, que huele muy similar al líquido amniótico, es capaz de regular la temperatura corporal del recién nacido y lo relaja.

El olor de tu bebé es un regalo de la madre naturaleza que difícilmente puedes olvidar.

¡Disfrútalo!

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