EL MOVIMIENTO LIBRE EN EL BEBÉ: EL RESPETO A SU PROPIO RITMO

¿Tú bebé aún no gatea? El mío comenzó a hacerlo a los ocho meses. Hoy hablamos del movimiento libre en el bebé. A menudo escuchamos frases como estas y parece que quisiéramos contagiar a nuestros bebés del ritmo frenético del mundo de los adultos. Nos olvidamos de que cada bebé tiene su propio ritmo y sus tiempos y que por lo tanto no existe una fórmula mágica que se pueda aplicar al aprendizaje del ser humano.

Uno de los momentos más emocionantes de la crianza es ver a nuestro bebé dar sus primeros pasos. A veces nos pueden las ganas y queremos verlos incorporarse, gatear o mantenerse en pie. Tomar la mano de nuestro bebé para que pueda comenzar a caminar se ha convertido en un hábito pero ¿realmente este hábito es beneficioso para él? ¿Es bueno interceder en su aprendizaje para que adquiera determinadas destrezas cuando en realidad aún no está preparado? Muchos estudios mantienen que no.

El método Emmi Pikler

La pionera en defender esta idea fue la prestigiosa pediatra húngara Emmi Pikler (1902-1984). Su concepto de crianza se basa en un método pedagógico centrado en el desarrollo autónomo y espontáneo del bebé. Se trata de un método basado en el respeto al niño y la no intervención modificadora del adulto favoreciendo así un movimiento libre y un juego independiente. Defiende la idea de que el bebé es capaz de desarrollar su motricidad por sí solo y las distintas fases de este desarrollo se dan cuando el niño está preparado, sin la ayuda de un adulto, de lo contrario este aprendizaje puede saltarse etapas intermedias que son de vital importancia para su desarrollo como por ejemplo gatear o reptar.

Debemos ser meros acompañantes pero sobre todo es importante ofrecer todos los recursos necesarios para que el bebé pueda moverse en libertad. En este sentido el papel de los padres es ofrecer las condiciones óptimas para que esto sea posible y proporcionar la seguridad y el apego que necesita para crecer. Lo importante es que se sienta querido y respetado y se reconozcan sus logros.

Defiende la idea de que el bebé es capaz de desarrollar su motricidad por sí solo y las distintas fases de este desarrollo se dan cuando el niño está preparado.

 

El movimiento libre en el bebé favorece el desarrollo de su creatividad y el despertar de sus sentidos por lo que el niño gana en confianza, seguridad y autonomía. La curiosidad y su propio interés son los que marcan los tiempos y le harán descubrir nuevas posturas y movimientos, por eso se recomienda no poner al bebé en ninguna postura a la que no es capaz de llegar por sí mismo, ni ofrecerle esa ayuda modificadora para enseñarle a caminar.

Un bebé que aprende de manera autónoma e independiente a adoptar una determinada postura o a emprender sus primeros pasos es un niño que descubre sus propias capacidades y desarrolla sus habilidades a través de un sistema de fracasos y logros. Este sistema forma parte de su propio registro y por lo tanto lo podrá utilizar siempre que lo necesite.

La curiosidad y su propio interés son los que marcan los tiempos y le harán descubrir nuevas posturas y movimientos.

 ¿Por qué no conviene la ayuda de un adulto?

En su libro “Moverse en libertad” Pikler destaca algunos aspectos de por qué resulta inconveniente la ayuda modificadora de un adulto cuando el niño no está preparado. Así defiende que el niño que llega a realizar una postura que no puede adoptar por sí mismo sino que es inducida por un adulto está realizando un movimiento forzado y poco natural del que le será difícil salir solo. No es conveniente por las siguientes razones:

  • Sus músculos se tensionan.
  • Se limita su libertad de movimientos.
  • Fomenta la dependencia con lo que estamos criando niños más inseguros.
  • Frena su desarrollo.

 Limitadores de movimientos

El espacio en el que situamos al niño es de vital importancia y en ocasiones la posibilidad de  libertad de movimiento del niño se queda muy reducida. Muchas veces empleamos sistemas con los que reducimos considerablemente su autonomía si no hacemos un buen uso de ellos. Algunos ejemplos son los caminadores, los cochecitos o simplemente el lugar en el que colocamos al bebé. Incluso las habitaciones de los niños en ocasiones tienen demasiados juguetes y eso no favorece que el bebé pueda explorar libremente su cuerpo y sus capacidades de aprendizaje con libertad y lejos de favorecer su desarrollo incrementan su distracción.

Cómo favorecer su libertad de movimiento

Para favorecer la libertad de movimiento del bebé son necesarios algunas condiciones favorables:

  1. Despejar el espacio en el que se encuentra el bebé. Es importante crear un espacio amplio, seguro y adaptado a sus necesidades.
  2. Ropa adecuada y cómoda que permita esa libertad de movimientos.
  3. No se debe utilizar zapatos hasta que el niño camine por la calle. Los pies son grandes receptores de información sensorial en este momento, por eso es importante no taparlos.

La no intervención del adulto no significa falta de interés por el niño o bebé. El adulto debe mostrar su alegría y reconocimiento ante los logros alcanzados y mantener una actitud paciente y de respeto siempre bajo una continua supervisión, incentivando y favoreciendo el desarrollo autónomo y el movimiento libre en el bebé.

 

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